sábado, 18 de agosto de 2012

Protegete

Meningococcemia

El púrpura fulminante, o meningococcemia, es una enfermedad generada por varios tipos de meningococo (Neisseria meningitidis), habitante frecuente de la nariz y la garganta de los individuos sanos. La meningococcemia ocurre cuando el meningococo invade el torrente sanguíneo.

La incidencia de la meningococcemia se relaciona con la condición socio-económica de los países, como ocurre con tantas otras enfermedades infecciosas, siendo mayor el número de casos en las áreas de menores recursos. Se observan casos aislados durante todo el año, pero aumenta su frecuencia durante los meses más fríos (invierno y primavera). El meningococo se aloja en las vías respiratorias de los individuos sanos, algunos pueden convertirse en portadores asintomáticos, sin desarrollar la enfermedad. La incidencia aumenta en niños, en casos de individuos institucionalizados, (guarderías, asilos), y en condiciones de hacinamiento. En individuos con buenas defensas, no ocurre la diseminación de bacterias desde la garganta a la sangre. Pero en algunos individuos, en determinadas circunstancias, esta bacteria puede provocar enfermedad grave.

Tratamiento
El tratamiento se dirige a sostener las funciones vitales que fallan (circulación, respiración, función renal, cerebral), y se combate su progresión con antibióticos tales como ampicilina, cefalosporinas o aminoglucósidos buscando cubrir Haemophilus influenzae, Neisseria meningitidis, entre otros.

Prevencion

Existen 2 tipos de vacuna, que combinan protección para grupos diferentes de meningococo. Una de ellas, la vacuna francesa, protege contra los meningococos del grupo A y C. La otra, la vacuna cubana, protege contra la enfermedad producida por meningococos B y C.
Existen grandes controversias con respecto a la utilidad de las vacunas. Si bien no ofrecen el 100% de cobertura, son, por el momento, la única protección con que se cuenta. Se recomienda en todos los casos, consultar con el pediatra o médico tratante, que seguramente tendrá una opinión atendible con respecto a cada paciente.


Candidiasis






Las infecciones por hongos son causadas por el crecimiento excesivo de un tipo de hongo llamado Candida, también conocido como levadura. En la vagina, la boca y el tracto digestivo, normalmente hay cantidades pequeñas de levadura y de otros organismos. Las infecciones por hongos se producen cuando se altera el equilibrio de organismos en la vagina y la levadura crece en forma excesiva, causando una infección. Las infecciones por hongos tienen mas probabilidades de causar problemas justo antes o después del período menstrual. El equilibrio de organismos en la vagina se puede alterar por:

Los antibióticos (para tratar el acné, las infecciones de garganta y oído, e incluso las infecciones vaginales), porque pueden matar las bacterias normales en la vagina y permitir que la levadura crezca
-El exceso de peso

-La diabetes

-El embarazo

-La infección por VIH

-Los esteroides

-La ropa interior ajustada hecha de material como nylon o lycra, que atrapa la humedad y el calor, especialmente en el verano (debes usar ropa interior de algodón, porque absorbe más la humedad.)

Tratamiento

El proveedor de cuidados de salud usa un palillo algodonado para tomar una muestra de tu secreción vaginal. Pone la muestra en el portaobjetos de un microscopio con una gota de un producto químico especial. Y luego examina la secreción vaginal bajo el microscopio para ver si hay un crecimiento excesivo de levadura.

Las infecciones por hongos se tratan con una píldora que se traga o con una crema vaginal o un supositorio vaginal (un material parcialmente sólido que se inserta en la vagina, dónde se disuelve y suelta la medicina). Tu proveedor de cuidados de salud te explicará tus opciones y dirá si alguna de ellas es mejor que las otras en tu caso. La píldora es especialmente buena si no quieres ponerte una crema adentro de la vagina. Algunas cremas vaginales fungicidas (contra los hongos) se venden sin receta médica en las farmacias, mientras que para otras es necesaria una prescripción. Si usas una crema, no uses tampones durante el tratamiento porque éstos absorben la medicación y hacen que sea menos efectiva.

Algunos medicamentos fungicidas pueden debilitar los condones de látex y los diafragmas, aumentando las probabilidades de que se rompan. Pregúntale a tu proveedor de cuidados de salud cuáles tipos de medicamentos fungicidas hacen esto. Si estás usando medicaciones fungicidas que debilitan los condones de látex o los diafragmas, usa un condón del poliuretano o no tengas relaciones sexuales.

Recuerda, no uses medicaciones fungicidas sin ver a tu proveedor de cuidados de salud, a menos que un proveedor de cuidados de salud te haya diagnosticado anteriormente infecciones por hongos más de una vez y estés muy segura de las señales y los síntomas. Las medicaciones fungicidas no hacen efecto contra otros tipos de infecciones vaginales, como la vaginosis bacteriana, que requieren medicamentos recetados.


Chancroide


Hepatitis

La infección por hepatitis B se puede propagar a través del contacto con sangre, semen, flujos vaginales y otros fluidos corporales de alguien que ya tiene esta infección.

La infección se puede propagar a través de:
  • Transfusiones de sangre (infrecuente en Estados Unidos)
  • Contacto directo con sangre en escenarios de atención médica
  • Contacto sexual con una persona infectada
  • Tatuajes o acupuntura con agujas o instrumentos que no estén limpios
  • Agujas compartidas al consumir drogas
  • Compartir elementos personales (como cepillo de dientes, máquinas de afeitar y cortauñas) con una persona infectada
El virus de la hepatitis B se le puede transmitir a un bebé durante el parto si la madre está infectada.
Los factores de riesgo que predisponen a la infección por hepatitis B abarcan:
  • Nacer o tener padres que nacieron en regiones con altas tasas de infección (incluyendo Asia, África y el Caribe)
  • Estar infectado con VIH
  • Estar en hemodiálisis
  • Tener múltiples compañeros sexuales
  • Hombres homosexuales
La mayor parte del daño del virus de la hepatitis B ocurre debido a la forma como el cuerpo responde a la infección. Cuando el sistema inmunitario del cuerpo detecta la infección, envía células especiales para combatirla. Sin embargo, estas células que combaten la enfermedad pueden llevar a la inflamación del hígado.
Sintomas
Después de que usted resulte infectado por primera vez con el virus de la hepatitis B:
  • Puede que no tenga ningún síntoma
  • Puede sentirse enfermo durante un periodo de días o semanas
  • Puede resultar muy enfermo (llamada hepatitis fulminante)
Si su cuerpo es capaz de combatir la infección por hepatitis B, cualquier síntoma que haya tenido debe desaparecer durante un período de semanas a meses.
Algunos cuerpos de personas no son capaces de librarse completamente de la infección por hepatitis B, lo cual se denomina hepatitis B crónica.
Muchas personas que tienen hepatitis B crónica tienen pocos o ningún síntoma e incluso pueden no lucir enfermas. Como resultado, es posible que no sepan que están infectadas; sin embargo, todavía le pueden transmitir el virus a otras personas.
Los síntomas pueden no aparecer hasta 6 meses después del momento de la infección. Los síntomas iniciales pueden abarcar:
  • Inapetencia
  • Fatiga
  • Febrícula
  • Dolores musculares y articulares
  • Náuseas y vómitos
  • Piel amarilla y orina turbia debido a la ictericia
Las personas con hepatitis crónica pueden ser asintomáticas, aunque se puede estar presentando daño gradual al hígado. Con el tiempo, algunas personas pueden desarrollar síntomas de daño hepático crónico y cirrosis del hígado.
Tratamiento
La hepatitis aguda no necesita ningún tratamiento diferente al monitoreo cuidadoso de la función hepática y otras funciones corporales con exámenes de sangre. Usted debe reposar bastante en cama, tomar mucho líquido y comer alimentos saludables.
En el raro caso en que usted desarrolle insuficiencia hepática, necesitará un trasplante de hígado. El trasplante es la única cura en algunos casos de insuficiencia hepática.
Algunos pacientes con hepatitis crónica se pueden tratar con antivirales o un medicamento llamado peginterferón. Estos medicamentos pueden disminuir o eliminar la hepatitis B de la sangre y reducir el riesgo de cirrosis y cáncer del hígado.
El trasplante de hígado se utiliza para tratar la enfermedad hepática por hepatitis B crónica grave.
Los pacientes con hepatitis crónica deben evitar el alcohol y consultar siempre con el médico o la enfermera antes de tomar cualquier medicamento o suplementos herbarios de venta libre. Esto abarca incluso medicamentos como paracetamol, ácido acetilsalicílico (aspirin) o ibuprofeno.






Tricomoniasis

La tricomoniasis es una Infección de transmisión sexual caracterizada por la infección del aparato urogenital del hombre y de otros animales por protozoos de la especie Trichomonas vaginalis.
En los seres humanos, Trichomonas vaginalis se suele trasmitir a través de las relaciones sexuales. En las mujeres es habitual encontrarlo en la vagina, donde con frecuencia origina sensación de quemazón, prurito y exudado irritativo; en los hombres puede afectar a la próstata y la uretra ; y en ambos sexos irrita la vejiga.

A menudo la tricomoniasis no presenta síntomas. La mayoría de las personas, en especial los hombres, no saben que están infectadas.

Cuando las mujeres tienen síntomas, éstos pueden incluir:
  • Flujo espumoso y a menudo con mal olor
  • Manchas de sangre en el flujo
  • Picazón dentro de la vagina y alrededor de ella
  • Inflamación en la ingle
  • Necesidad de orinar con frecuencia, a menudo con dolor y ardor
Los hombres rara vez presentan síntomas, pero cuando los tienen pueden ser:
  • Flujo proveniente de la uretra
  • Necesidad de orinar con frecuencia, a menudo con dolor y ardor
Si los síntomas se presentan, suelen durar entre 3 y 28 días.
Tratamiento

Sí, existe tratamiento para la tricomoniasis. Tanto tú como tu pareja pueden recibir un tratamiento con medicamentos recetados.
Recuerda que te puedes volver a infectar si tu pareja no se trata. Si tienes más de una pareja sexual, cada una de sus parejas (y sus respectivas parejas) también deberán tratarse.
Utiliza condones para evitar entrar en contacto, durante el tratamiento, con determinados fluidos, como semen, lubricación o secreciones vaginales y flujo menstrual.





SIDA


Papiloma Humano

El virus del papiloma humano (VPH o HPV del inglés human papilomavirus) es un grupo diverso de virus ADN perteneciente a la familia de los Papillomaviridae y representan una de las enfermedades de transmisión sexual más común, conociéndose más de 100 tipos virales que, en relación a su patogenia oncológica, se clasifican en tipos de alto y de bajo riesgo oncológico. La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) considera que los tipos de VPH 16, 18, 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58, 59 y 66 son carcinógenos para los humanos –tipos de alto riesgo oncológico- y que otros tipos, incluidos el VPH 6 y el VPH 11, son posibles carcinógenos para los humanos –tipos de bajo riesgo oncológico-. 



Como todos los virus de esta familia, los VPH sólo establecen infecciones productivas en el epitelio estratificado de la piel y mucosas de humanos, así como de una variedad de animales. La mayoría de los VPH descritos no causan ningún síntoma en la mayor parte de la gente. Algunos tipos de VPH pueden causar verrugas o condilomas, mientras otros pueden generar infecciones subclínicas, que pueden (en una minoría de casos) dar lugar a cáncer cervical, cáncer de vulva, vagina y ano en mujeres, o cáncer de ano y pene en hombres. La mayor parte de la gente infectada por VPH desconoce que lo está. Todos los VPH se transmiten por contacto piel a piel.
Entre treinta y cuarenta tipos de VPH se transmiten normalmente por contacto sexual e infectan la región anogenital. Algunos tipos de VPH transmitidos por contacto sexual pueden producir verrugas genitales. La infección persistente con algunos tipos de VPH transmitidos sexualmente denominados de «alto riesgo» (diferentes de los que causan verrugas) puede evolucionar y producir lesiones precancerosas y cáncer invasivo. La infección con VPH es la causa principal de casi todos los casos de cáncer cervical, aunque en la mayor parte de las infecciones con este tipo de virus no se produce ninguna patología. En el año 2008 el médico alemán Harald zur Hausen (1936–) recibió el Premio Nobel de Medicina por el descubrimiento de VPH como una causa de cáncer cervical.

Sifilis


File:Secondary syphilitic rash Treponema pallidum 6756 lores.jpg
La sífilis es una infección de transmisión sexual crónica producida por la bacteria espiroqueta Treponema pallidum, (pronunciado pál lidum).
Este microorganismo es una bacteria móvil espiroforme (con forma de hilo en espiral), perteneciente al orden Spirochaetales, familia Spirochaetaceae. Su diámetro es de 0,1 a 0,2 micrómetros y su longitud entre 5 y 15 micrómetros. Puestas una detrás de otra, entre 70 y 200 espiroquetas medirían alrededor de un milímetro.
Esta bacteria se multiplica por división simple con división transversal. Al contrario de otras bacterias de su familia, solo se puede cultivar in vitro durante un breve período, con un máximo de supervivencia de 7 días a 35 °C, en medio particularmente enriquecido y en presencia de CO2 por sus particulares exigencias nutritivas y metabólicas. En nitrógeno líquido se mantiene su vitalidad, y prolifera de manera excelente en testículos de conejo. En sangre conservada en hemoteca para transfusiones la bacteria sobrevive entre 24 y 48 horas.

Sintomas
En vez de provocar una intensa respuesta inmune celular y humoral, el Treponema pállidum puede sobrevivir en un huésped humano durante varias décadas.
Los síntomas de la sífilis son numerosos y ligeramente variados. Antes de la aparición de las pruebas serológicas, el diagnóstico preciso era imposible. De hecho, se la llamaba «la gran imitadora» ya que ―en la fase primaria y secundaria― sus síntomas pueden confundirse fácilmente con los de otras enfermedades, haciendo que el sujeto le reste importancia y no acuda al médico.
El 90% de las mujeres que la padecen no saben que la tienen porque, en la mayoría de los casos, el chancro aparece dentro del cuello uterino. Cuando la bacteria entra al organismo, se disemina rápidamente y poco a poco invade todos los órganos y tejidos.

Tratamiento
Antiguamente se trataba con mercurio, lo cual hizo famosa la frase «una noche con Venus y una vida con Mercurio», pero este tratamiento era más tóxico que beneficioso.
En 1901 el bacteriólogo alemán Paul Ehrlich sintetizó el Salvarsán, un compuesto orgánico del arsénico, concebido específicamente para el tratamiento de la sífilis y que se convirtió en uno de los primeros fármacos sintéticos eficaces para la curación de enfermedades infecciosas. El Salvarsán (y su derivado, el Neosalvarsán) se abandonaron a partir de 1944, en favor del tratamiento antibiótico con penicilina, mucho más eficaz. Para probar la penicilina, durante los años 1946 a 1948 Estados Unidos llevó a cabo experimentos sobre sífilis en ciudadanos de Guatemala sin el consentimiento ni conocimiento de los hombres y mujeres que fueron utilizados como cobayas.
Hoy la sífilis se puede curar fácilmente con antibióticos, como la penicilina, durante la fase primaria y secundaria. La penicilina también actúa en la última etapa aunque en ese caso debe ser penicilina g-sódica por vía intravenosa, ya que es la única forma de que se difunda el antibiótico por el LCR (líquido cefalorraquídeo), que es donde se encuentra la bacteria durante esta última fase. Quienes la padecen deben llevar una vida saludable con una dieta equilibrada y un sueño adecuado. La bacteria Treponema pállidum es una espiroqueta y puede ser tratada con penicilina benzatínica, en forma de inyección intramuscular. No se justifica el uso de otros antibióticos ya que no se han reportado casos de resistencia a la penicilina.
La dosificación de la penicilina depende del estadio de la enfermedad, variando desde una dosis única en infecciones primarias hasta esquemas en donde es necesario suministrar varias dosis del antibiótico (sífilis tardía o en estados de latencia tardía). En pacientes alérgicos a la penicilina se puede optar entre doxiciclina, macrólidos y ceftriaxona.