La sífilis es una infección de transmisión sexual crónica producida por la bacteria
espiroqueta Treponema pallidum, (pronunciado pál
lidum).
Este microorganismo es una bacteria móvil espiroforme (con forma de hilo
en espiral), perteneciente al orden Spirochaetales,
familia Spirochaetaceae. Su diámetro es de 0,1 a 0,2 micrómetros y su longitud entre 5 y 15
micrómetros. Puestas una detrás de otra, entre 70 y 200 espiroquetas medirían
alrededor de un milímetro.
Esta
bacteria se multiplica por división simple con división transversal. Al
contrario de otras bacterias de su familia, solo se puede cultivar in
vitro durante un breve
período, con un máximo de supervivencia de 7 días a 35 °C, en medio
particularmente enriquecido y en presencia de CO2 por sus particulares exigencias
nutritivas y metabólicas. En nitrógeno
líquido se mantiene su vitalidad,
y prolifera de manera excelente en testículos de conejo. En sangre conservada
en hemoteca para transfusiones la bacteria sobrevive entre 24 y 48
horas.
Sintomas
En vez de provocar una intensa
respuesta inmune celular y humoral, el Treponema pállidum puede sobrevivir en un huésped humano
durante varias décadas.
Los
síntomas de la sífilis son numerosos y ligeramente variados. Antes de la
aparición de las pruebas
serológicas, el diagnóstico preciso era imposible. De hecho, se la llamaba «la
gran imitadora» ya que ―en la fase primaria y secundaria― sus síntomas pueden
confundirse fácilmente con los de otras enfermedades, haciendo que el sujeto le
reste importancia y no acuda al médico.
El
90% de las mujeres que la padecen no saben que la tienen porque, en la mayoría
de los casos, el chancro aparece dentro del cuello uterino. Cuando la bacteria
entra al organismo, se disemina rápidamente y poco a poco invade todos los
órganos y tejidos.
Tratamiento
Antiguamente se trataba con
mercurio, lo cual hizo famosa la frase «una noche con Venus y una vida con Mercurio», pero este tratamiento era
más tóxico que beneficioso.
En 1901 el bacteriólogo alemán Paul Ehrlich sintetizó el Salvarsán, un compuesto orgánico del arsénico, concebido específicamente
para el tratamiento de la sífilis y que se convirtió en uno de los primeros fármacos sintéticos eficaces para la curación
de enfermedades infecciosas. El
Salvarsán (y su derivado, el Neosalvarsán) se abandonaron a partir de 1944, en favor del tratamiento antibiótico con penicilina, mucho más eficaz. Para
probar la penicilina, durante los años 1946 a 1948 Estados Unidos llevó a cabo experimentos sobre sífilis en
ciudadanos de Guatemala sin el
consentimiento ni conocimiento de los hombres y mujeres que fueron utilizados
como cobayas.
Hoy
la sífilis se puede curar fácilmente con antibióticos, como la penicilina, durante la fase primaria y
secundaria. La penicilina también actúa en la última etapa
aunque en ese caso debe ser penicilina g-sódica por vía intravenosa, ya que es
la única forma de que se difunda el antibiótico por el LCR (líquido
cefalorraquídeo), que es donde se encuentra la bacteria durante esta última
fase. Quienes la padecen deben llevar una vida saludable con una dieta
equilibrada y un sueño adecuado. La bacteria Treponema pállidum es una espiroqueta y puede ser tratada
con penicilina benzatínica, en
forma de inyección intramuscular.
No se justifica el uso de otros antibióticos ya que no se han reportado casos
de resistencia a la penicilina.
La
dosificación de la penicilina depende del estadio de la enfermedad, variando
desde una dosis única en infecciones primarias hasta esquemas en donde es
necesario suministrar varias dosis del antibiótico (sífilis tardía o en estados
de latencia tardía). En pacientes alérgicos a la penicilina se puede optar entre doxiciclina, macrólidos y ceftriaxona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario